Tratamientos eficaces para las disfunciones sexuales.

Cómo saber si un tratamiento sexológico es eficaz y confiable.
Cómo elegir entre diferentes alternativas terapéuticas.

Lic. Ps. Rosana Pombo
Psicoterapeuta cognitiva
Sexóloga clínica
Directora

 

Desde los pioneros sexólogos e investigadores Masters y Johnson y las colaboraciones de numerosos científicos en la materia como Alfred Kinsey, Helen Kaplan, Sigmund Freud entre muchos otros, la Sexología se ha ido constituyendo en una ciencia que ha logrado ganarse el respeto, la credibilidad y la confianza entre otras disciplinas consideradas como científicas. Desde sus inicios se ha esforzado por un constante desarrollo y crecimiento en torno a su objeto de estudio, la sexualidad humana y sus diversos trastornos, nutriéndose permanentemente de los aportes de otras disciplinas, por lo que de hecho desde sus orígenes sentó sus bases en un paradigma multidisciplinar.

 

Cada vez son mayores y más importantes los esfuerzos dedicados a investigar y demostrar la eficacia de los distintos procedimientos sexológicos en pos de la promoción, prevención y tratamiento de la salud sexual. Para el profesional sexólogo es determinante saber que los tratamientos que utiliza han demostrado de forma empírica e inequívoca que son eficaces para producir los cambios deseados. Tal como señalan Labrador, Echeburúa y Becoña (2000) «la demostración experimental de la eficacia de los procedimientos terapéuticos se ha convertido actualmente en un objetivo prioritario.

Las razones son varias:

a) la debilidad y la multiplicidad de los modelos teóricos no ajenas al divorcio creciente entre el mundo académico y la realidad clínica;

b) la demanda social de tratamientos eficaces; y

c) el objetivo prioritario de los terapeutas de mejorar a los pacientes de forma más efectiva».

En la actualidad el objetivo que todo proceso terapéutico debería perseguir es evaluar y decidir qué tratamiento concreto (lo cual supone que esté descrito clara y detalladamente cómo debe llevarse a cabo) es eficaz (que ha demostrado a través de investigaciones clínicas rigurosas ser beneficioso para los pacientes), efectivo (útil, para alcanzar los resultados esperados, en la práctica clínica habitual) y eficiente (con mayores beneficios y menores costos que otros tratamientos alternativos.

A lo que habría que agregar que mejor cuanto más breve y en menor tiempo el tratamiento alcance los resultados que beneficien al paciente) para cada problema concreto (lo que supone un sistema estandarizado de clasificación de los posibles problemas). De esta forma se busca señalar al profesional qué tratamientos son más adecuados en cada problema o caso concreto, a fin de orientar su práctica profesional, y también informar a los usuarios del servicio. En conclusión la cuestión es poder dar respuesta ante el problema sexual que el paciente presenta a partir de la siguiente pregunta: ¿Qué tratamiento es más eficaz, para este paciente, con este problema y en estas condiciones? (Fernández Hermida & Pérez Álvarez, 2001). Los tratamientos empíricamente validados, en concreto, los señalados como Tratamientos Bien Establecidos, son aquellos que demuestran su eficacia basados en investigaciones empíricas rigurosas, a partir de las cuales se concluye que esa serie de pasos, y no otros, que se describen en esos procesos terapéuticos, en este caso, para las disfunciones sexuales, son los que deben aplicarse si se desea beneficiar al paciente. Estos tratamientos eficaces funcionan como protocolos a seguir, manuales o formas de acción que tienen la intención de guiar el quehacer del sexólogo para solucionar los problemas sexuales de su paciente de forma efectiva, en el menor tiempo posible y al menor costo. Este planteo no implica que no existan otros tratamientos que puedan resolver adecuadamente los trastornos sexuales, o que sean ineficaces, solo que no han demostrado aún empírica e inequívocamente su eficacia. Afortunadamente, en la actualidad se dispone de tratamientos eficaces para superar las disfunciones sexuales. Pero se debe tener presente la escasez de trabajos con riguroso control metodológico que permiten apoyar esta consideración. También debe tenerse en cuenta el continuo esfuerzo de los profesionales en sexología interesados en dedicarse al desarrollo de tratamientos eficaces, con metodología rigurosa y probados a través de investigaciones científicas, para las distintas disfunciones sexuales. Es evidente que las disfunciones sexuales con mucha frecuencia pueden estar interrelacionadas con otros problemas, en concreto problemas orgánicos, personales y en especial problemas de pareja. De hecho en algunos trabajos se señala que el éxito del tratamiento depende en gran medida de cómo lo acepta o colabora la pareja. Entonces en primer lugar se deberá considerar los procedimientos para su diagnóstico, los criterios a seguir para la elección del tratamiento más eficaz, y determinar si tras el tratamiento se puede asegurar que ha mejorado o desaparecido y en qué medida. Afortunadamente, se dispone en la actualidad de tratamientos eficaces para superar las disfunciones sexuales. Conocidos como Terapias Sexuales que deben incluir necesariamente todos los aspectos involucrados tanto en el origen como en el mantenimiento del problema. Incluyen como primer punto de actuación una adecuada educación sexual, la consideración de los aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales integrados. Lo cual hace necesario la integración de equipos interdisciplinarios que aborden la problemática desde todas las áreas involucradas. También se deben atender los factores implicados en la relación de pareja, que parecen ser determinantes en muchos casos en la aparición del problema, y además suelen estar señalados como determinantes para el éxito del tratamiento en la mayoría de los abordajes terapéuticos.

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